viernes, enero 18, 2008

Prioridades


Ahora la tecnología permite llevar la música a todos lados. Tengo mis discografías completas favoritas en mi disco duro (The Beatles, Pink Floyd, Genesis, Pixies). Llevo en mi Ipod cerca de 30 gbytes de rolas que, desde mi subjetividad, no pueden dejarse nunca. Me conecto a Last.fm y me encuentro con que mi radio personal está activada. La "sintonizo" y me gusta.


Pero lo admito, qué le voy a hacer: nací hace más de tres décadas y para mí (como seguramente para muchos treintañeros) tener el cd y/o el vinyl es parte del show. Incluso ahora que se lanzó el Inrainbows en la red (suceso que, como dice la canción de R.E.M es "el fin del mundo como lo conocíamos" -al menos en lo que a la industria musical se refiere-) no puedo dejar de pensar en ir a la tienda de discos y seguir el anacrónico y emocionante ritual de "comprar un disco".


Resulta entonces que disasociar la(s) rola(s) del objeto (cajita-arte-disco) me resulta difícil. Si escucho a Pink Floyd, necesito ver la "portada del album" y disfrutar de su setentero-ochentero-ecléctico arte. Necesito leer las letras y los datos técnicos, los miembros de la banda, los agradecimientos y todas esas cosas que ahí redactan.
Hace unos días me cambié de casa y cargué con las cosas más esenciales para sobrevivir. Dejé algunas cajas pendientes en casa de mi madre (los departamentos actuales no dan para llenar paredes de libreros y "disqueros") y debo decir que prioricé mal: no me traje mis discos y, a decir verdad, los extraño.